Ir al contenido principal

Un juego inocente... un invento, nada.

Yo te enseño mi cromo y tú me enseñas el tuyo.

Un niño y una niña. Ella lleva un gorro de colores y un abrigo de lana, largo hasta los pies; un abrigo azul marino con el cuello muy bien abrochado. Lleva un taco de cromos en el bolsillo, sus favoritos. Él está en la penumbra, apenas se ve el brillo de sus ojos cuando pestañea. Hay cuarto creciente, la luna avanza hacia la luna llena. Hay una luz azul que mezcla los perfiles, aún no permite ver donde estamos. Sombras azules en algún lugar. Dos niños intercambian cromos en algún lugar que degrada azules...

Se hace de día, el niño no está, nunca hubo un niño, era una sombra, una ilusión macabra, un espejismo lunar. Los cromos que la niña guardaba en el bolsillo eran cartas heredadas; artículos, sustantivos inventados hace mucho tiempo. Él, los, no existe. Ella juega al solitario y no aprende, siempre olvida, no sabe ganar, no le importa; sólo jugar, sólo olvidar. No existe el azul a la luz de la mañana, eso también se debe olvidar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hoy ya es ayer

Hoy, casi treinta años después de conocerte, veinte años y cuarenta y seis días después de jurarte y no cumplir, de ser la más infame cobarde... Hoy, por encargo, te recuerdo. Hace ya un mes y quince días que enterré tu memoria junto al tocón de un árbol muerto y me picaron las hormigas; y ahora, atropellada, un jueves cualquiera de noviembre, hago un ejercicio por ver si te amo. No es que haya vuelto a las andadas, no te asustes, sólo quiero ejercitar los dedos. Y sí, recordando tu pelo, mis manos quieren perderse. Y, maldita sea, si imagino tu sonrisa, aún hoy, de día y de pronto, oscurece. Y me vuelvo vértigo, y tropiezo. Espera, tengo que parar para tomar aliento, para seguir recordando y que no desaparezca la pantalla tras el humo, ese humo tan antiguo y que sólo está en mis ojos. Pero he progresado mucho en estos últimos días, no creas . Me voy decorando la vida, y si consigo no extraviarme, creo que en poco tiempo te contaría que está preciosa. He amuebla...

Mala idea

Enamorarme de ti no fue una buena idea, pero por aquel tiempo yo no sabía lo que era el amor, no sabía quien eras tú y tampoco sabía lo lejos que puede llegar una mala idea. Ahora tú no estás; te dejo, no porque ya no te ame si no por incomparecencia del contrario.