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Hay una sombra

Hay una sombra. Una larga sombra que por fin he conseguido vencer. Negra o gris, dependiendo del día... Acostumbraba a agarrarme del pie, me hacía tropezar muchas veces, incluso podía llegar a hacerme caer y rozarme las rodillas. Peleaba, pobrecilla, por la rabia de saberse perdedora; estaba bien jodida luchando conmigo y eso no podía olvidarlo. Hace poco la tumbé, ¡Zas! Ese día me había cabreado de lo lindo. Paciente, la había dejado estar; le daba un poco de cancha a veces, pero aquél día fue demasiado... Se puso delante de mi, como lanzada por un sol que ha decidido guardarse rápido por el horizonte; larga, altiva y desafiante. Llegó por detrás y como cazadora furtiva me emboscó, para cortarme el paso. Fue todo muy rápido. Quedé inmóvil y no dio lugar a salida alguna, por que lo oscureció todo; apagó el camino, cerro mis parpados, y paralizó mi nervio óptico hasta lo más profundo, incluso el sonido quedó extinguido, dejando solo de fondo tambores que hacían te...

El ángel exterminador

Cabía esperar mucho tequila, lenguas inflamadas tratando de farfullar lo mejor y lo peor de estos últimos años. Cabía esperar risas entrecruzadas con lugares comunes, teoría y consejos gratis de lo que espera al siguiente al que le den o se atreva a dar el paso a las camisas arrugadas y la nevera inhóspita. Cabía esperar bromas de buen y mal gusto, babeos compulsivos; muy bajo control al movimiento hipnótico y preciso de un incitante trasero profesional. Gallos en un corral exhibiendo plumaje, eso es lo que hoy cabía esperar. Pero a veces uno no espera y sucede algo que acecha agazapado, algo cierto. A veces sólo un día más es suficiente, y una decisión menos bastaría. Otro aburrido día más sería suficiente para no ver la  farsa dramática y definitiva que María me guardaba para mojar tem prano en el café, esa demencial mascarada, empapada en el confín de una lágrima trémula que no dejó caer y aún vibra, salada y sola, columpiándose en el simulacro.  Sól o un ...

Algunos muertos viven en paradero conocido

Recuerdo una vez que no fui a Nueva York. No fui con él. No fui entonces y después, nunca se sabe. Cuando no fui a Nueva York, yo era "importante" en una empresa internacional de la gran telaraña y estaba llena de entusiasmo. Era parecida a como soy hoy (sólo la mitad de parecida) y "pertenecía": formaba parte de "El equipo de lanzamiento". Entonces yo parecía muy inocente, aunque no tanto como para creerlo muy en serio. Era simpática e imprescindible como un pegamento transparente de secado rápido, tan imprescindible como la tapa del piano que puede caerte en cualquier momento mientras practicas. Nunca se sabe. Todo era emocionante entonces, casi onírico, una esclavitud perfecta y planetaria tras ganar un poker llamado proceso de selección. Era una esclava que movía el aire por los pasillos y eso creo que sí lo sabía. No tenía nada que perder. Nada era tan poco, que temía perderlo todo. Yo tenía aquello en aquel momento y aquello era todo. Parec...

Sueño un spray

Yo y tú (yo primero, ¿has visto?). Tú, como última opción: un desecho cósmico (¿ves?¡Cósmico!). Yo, soñé que te pulverizaba. Una fantástica máquina invisible te dejaba reducido a polvo. "Polvo eres..." en el último momento me arrepentí y no hice un mal chiste... Tú como un spray perfecto de ti... Perfecto: sin olor, sin color, puro carbono, sin huella, polvo en suspensión, absolutamente suspendido. Tu mejor versión. Y yo moviendo mis ojos cerrados muy deprisa, en esa fase del sueño de todo lo posible, te pulverizaba en un acto poético e incruento (mis pestañas eran preciosas, postizas y negras como el ala de un cuervo (raven, no crow). Cierzo y Tramontana acudieron soplando; te llevaron lejos, tan lejos... Llegaste muy rápido, tan rápido a orbitar... En la misma órbita (lo siento) de la basura cósmica. ...Y mis sueños, sueños son. Son míos (pero te los dejo). Fin.

Incondicionales

Un día le encontré allí escondido; dijo que nunca más saldría. Él cumple sus promesas. Siempre he creído de principio a fin cualquier cosa que me ha dicho. Nunca, jamás, miente.Toda la vida he sentido la seguridad de saber a qué atenerme, por él. El mismo día en que yo, como los otros niños de mi edad, juré acercarme más a Dios; dijo que sacaría los ojos a todas mis muñecas. Afortunadamente, yo sólo tenía dos nenas rubias muy formales; unas silenciosas e inmóviles gemelas. Mis "rubitas", que lucían sendos vestidos del color del cielo, de una semejanza terminante a su cristalina, indefinida e inalterable mirada. Él siempre cumple sus promesas. El tesoro de esas cuatro canicas azules fue suyo; esos dos pares de redonditas e inertes bolas cayeron sin otra posibilidad que la de rodar.Terminó rápido con la cirugía, dejándome un hospital de invidentes crónicas que olvidar en mi armario de juguetes. Mi peor pesadilla y no la última, sucedió una larga, intranquila y oscura n...

Días de Septiembre

Hay días de Septiembre que hay que dejar pasar, días en que eres un cobarde que estrelló su futuro, arrugado, al fondo de la papelera. Hay días de Septiembre en que el aire se arma en pesadas esferas de mercurio y el suelo se descompone como una volátil alfombra virtual. Hay días de Septiembre en que la realidad es un nítido horizonte que se aleja, con una frecuencia hipnótica, constante, obsesiva; un silencioso tsunami que sin prisa y sin drama, aniquila impasible la orilla. Hay días en Septiembre como cicatrices atróficas, tumefactas, que se fijan con imán a la retina; días en que la última solución te aprieta el cuello.