Ir al contenido principal

Frágil

Algo se quebró. Hubo un fuerte estallido; exagerado, demencial, incongruente con la frágil rama que pisamos y que cedió con insólita violencia vencida por aquel estrepitoso silencio.

El suave sonido que cabía esperar de un tallo tierno se tornó desmedido, empezó a elevarse con furia, arañando sin control las paredes de nuestra urna, esa envoltura de humo y miedo que habíamos construido al escondernos. La rama quebrada no entendió las palabras que ya no sabíamos encontrar.

Los confines de aquel espacio, se mostraron perfectos en la acústica del dolor. La mezcla evanescente que hasta aquel instante era sombra apacible, mudó de pronto en una materia nueva, de la factura de un cristal fino, firme y sonoro, perfectamente envolvente, sin fisuras que permitieran dejar escapar el más penetrante grito. No lo esperábamos, no era el fin para el que lo creamos. ¿Cómo pudo suceder?

Quiero, quiero creer... quiero creer en algún día..., otro (el día que aún no existe), el día en que podamos mirarnos, mirarnos de nuevo. Es posible, puede que aún entonces nos reconozcamos y hasta vuelvan a acariciarnos palabras sencillas, todas las miradas confiadas que esperaban para curarnos. Puede que quede aún alguna palabra adormecida, alguna caricia intacta, que ocupe el espacio que hasta ayer era un lugar, el nuestro. Puede quedar, quizá, alguna semilla, imperceptible, escondida en el estruendo a la espera del fin del fin...

Ayer la débil rama en la que quisimos mecernos cedió al pisarla. Hoy, sólo encuentro palabras que enmudecen, palabras que no me atrevo a pronunciar.

Comentarios

  1. Disfruto leyéndote y a veces tengo unas ganas enormes de escribir así, pero eso no es posible, la solución es obvia: aguardar a que escribas más, soy muy paciente.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Hoy ya es ayer

Hoy, casi treinta años después de conocerte, veinte años y cuarenta y seis días después de jurarte y no cumplir, de ser la más infame cobarde... Hoy, por encargo, te recuerdo. Hace ya un mes y quince días que enterré tu memoria junto al tocón de un árbol muerto y me picaron las hormigas; y ahora, atropellada, un jueves cualquiera de noviembre, hago un ejercicio por ver si te amo. No es que haya vuelto a las andadas, no te asustes, sólo quiero ejercitar los dedos. Y sí, recordando tu pelo, mis manos quieren perderse. Y, maldita sea, si imagino tu sonrisa, aún hoy, de día y de pronto, oscurece. Y me vuelvo vértigo, y tropiezo. Espera, tengo que parar para tomar aliento, para seguir recordando y que no desaparezca la pantalla tras el humo, ese humo tan antiguo y que sólo está en mis ojos. Pero he progresado mucho en estos últimos días, no creas . Me voy decorando la vida, y si consigo no extraviarme, creo que en poco tiempo te contaría que está preciosa. He amuebla...

Mala idea

Enamorarme de ti no fue una buena idea, pero por aquel tiempo yo no sabía lo que era el amor, no sabía quien eras tú y tampoco sabía lo lejos que puede llegar una mala idea. Ahora tú no estás; te dejo, no porque ya no te ame si no por incomparecencia del contrario.