Lo único que hay entre nosotros es la distancia que nos separa.
Si escucharas a la bestia... No entiendo de qué me estás hablando, no sé si aún arrastras frases con sentido o sólo reverberan tus palabras rebotando asustadas en las elásticas paredes de mi cuarto. Algo sobre el miedo y la imposibilidad de mantener en calma mi mente, de poderla guardar en un lugar seguro y conocido. Algo de eso entiendo, sí, de verdad lo entiendo, aunque en este momento sólo puedo fijar mi atención en el lugar donde siento, el lugar llamado Tus dedos. De verdad, intento seguir el hilo de tu pensamiento, permanecer aquí y no distraerme. Puede que me hables a mí o quizá sean excusas y, no sé si me importa pero, también siento que me voy una y otra vez distraída tras tu huella, esa pluma grabada de líneas curvas que se cruzan me encontró hace tiempo. Tu índice relajado alrededor de mi ombligo peina a contrapelo, rozando apenas (sé que con fingido descuido) mi piel. Tienes que saber que ha sido él quien ha hecho que se dispare mi pulso y ahora me arrastra a un l...
Bueno, querida Elena, hemos estado las dos inspiradas al publicar sendos aforismos (o algo así) cortos e intensos y bajo el mismo título (yo he usado un sinónimo).
ResponderEliminarQué cierto es. La distancia entre dos personas puede ser tan grande o tan ínfima como deseemos.
Besicos
La distancia siempre es entre dos, tan corta o tan larga como obligue el único paso. A veces (quizá siempre), sólo podemos mantener de forma obstinada la conciencia de esa corta distancia para no terminar por olvidarnos o precisamente para olvidar la posibilidad de el paso "único".
ResponderEliminarUn beso, Mª José, único ;)
ResponderEliminar¿Los motivos para dar o evitar ese paso único no son en sí mismos algo que separa?
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